Skip to main content

Full text of "La obra de Castro y los hombres de Castro"

See other formats


F2325 
. C362 
G6 





UNIVERSITY OF NORTH CAROLINA 



BOOK CARD 

Please keep this card in 
book pocket 



THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THB 

DIALECnC AND PHILANTHROPIC 

SOOETIES 



F2325 
.C362 
G6 



o» 'A 




This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 











uil E RET 


DATE 
DLE 










































































































































/ Farm No. 513 









Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/laobradecastroylOOgonz 



ESTEBAN D. GONZÁLEZ 



■:■> 




TIP. "LA EQUITATIVA' 
- 1904 - 



c 

ESTEBAN D. GONZÁLEZ 



r- 







TIP. "I.A EQUITATIVA" 
-1904- 



■■':;/ 



tñtcm®z%% 



• > » < » 



Este humilde trabajo literario, que no 
tiene otro valimiento que el asunto de que 
trata, que de suyo es grande y noble, me 
permito dedicarlo, con todo respeto, 

al General JUAN VICENTE GÓMEZ, 
que refrenda en todas ocasiones la poderosa 
sublimidad, de la, Causa Restauradora y de 
su Invicto Jefe ; 

al General Ii. TELLO MENDOZA, que 
con maestra, pluma y brillantes concepciones , 
eterniza en el libro los hechos culminantes 
de esta, magna cruzada; 

y á mi respetado amigo Don MIGUEL 
I. IEICIBABAZ I , cuya actividad y cuyo 
talento están, del todo, adscritos á las glorias 
*de la Restauración Liberal y al buen nombre- 
de sus conductores. 



\tehan Mj. CÉjon%átt% 



LA OBRA DE CASTRO. 



Soy poco amigo de entonarle himnos al éxito, 
ocasional y momentáneo, de aquellos que, por un 
rasgo de mediana audacia ó de fortuna, logran, y eso 
por corto tiempo, alzar la medrosa cabeza por sobre 
unos cuantos incapaces. 

Las nulidades que surgen ai acaso tienen la 
irradiación fugaz del meteoro. Cruzan veloces y 
van á desaparecer apagadas en los antros del vacío, 
de donde no volverán á salir jamás, no dejando 
atrás ni un rastro de luz, ni un recuerdo, ni nada. 

Aparecen y desaparecen por una sucesión de tiem- 
po, á manera de paréntesis en la vida de las naciones, 
basta que, del seno mismo de la decadencia general, 
brota, de pronto, subyugador y atrevido, un hombre 
que lleva en el cerebro todos los resplandores del 
Genio ; en el corazón, todas las energías y todo el 
coraje del Héroe ; en los labios, la doctrina de todos 
los deberes y la palabra dulce que inculca el amor 
á la Patria ; y en las manos, alternativamente, la 
espada flamígera que liberta al hombre, y el freno 
poderoso que domeña al vicio y lo aniquila, en- 
mienda ó destruye las p >si nes infamantes y amansa 
ó extermina tod s Lis auai juías. 



— 4 



Para esta clase de hombres, los Predestinados, 
es que yo reservo mis himnos de alabanza, porque 
son los únicos que despiertan, en absoluto, mi ad- 
miración. 

¿ En que escuela aprendieron á dominar todas 
las voluntades, ora por la persuación, ora por la 
fuerza? ¿En qué escuela aprendió el cóndor á al- 
zarse al cielo ? Lo atrae la inmensidad del infinito, 
ama la altura, se siente capaz de remontarse y tien- 
de, leve, el ala hasta encumbrarse rápido Lo guía 
una noción do suficiencia. La intuición del propio 
valimiento, el impulso, es asimismo la escuela del 
Genio. Ello es la resultante del mismo desqui- 
ciamiento general, así como el huracán es el p rodil o- 
to del desequilibrio de las capas atmosféricas y la 
tempestad es el término de las revoluciones de las 
nubes. 

¿ Qué fuerza forjó el rayo, creó el ciclón, produ- 
jo al Héroe ? La fuerza misma de los sucesos, y 
por sobre ella Dios, que lo prevé todo, que todo lo 
hace matemáticamente De otra suerte, el enra- 
recimiento del aire, aumentado sucesivamente, trac- 
ría la asfixia de todos los seres que derivan su vida 
de la respiración del oxígeno ; el desequilibrio con 
tinao y amontonado de las capas atmosféricas, 
fuente de cataclismos, ocasionaría infinitos trastornos 
en la marcha regular del planeta; y la desorgani- 
zación, la anarquía y el desbarajuste de las nacio- 
nes, producirían la extinción de los pueblos. El 
organismo nacional, como el humano, está sujeto 
á duras pruebas. La perturbación uel uno, como 
la del otro, repercute sobre los centros de la vida, y 
puede agravarse hasta tal punto que haga del hom- 
bre un cadáver, de la nación una esclava : sóío 
puede impedirlo un agente supremo ; para el orga- 
nismo humano dan remedio las ciencias : para e). 
organismo nacional lo da la Divinidad. 



— 5 — 



Los Héroes no se improvisan. Ellos nacen con 
la predestinación de formar ciclos en el mundo y 
asombrar á la humanidad, cuyo provecho los inspira. 

Alejandro, César, Napoleón, Washington y 
BOLÍVAR, desde que vieron la primera luz, venían to 
cados por el dedo de la Providencia para llenar la His- 
toria con hechos legendarios, cubrir su frente con 
rayos de gloria, y perpetuarse en el mundo, por la 
admiración en el corazón de los hombres, y por el 
bronce y el mármol, en las ciudades populosas. 

Esos hombres no han sido favorecidos por la 
suerte, como suponen los que creen en esa caprichosa 
maga ; no. Ellos, simplemente, han sido escudados 
por el Dios que los creó para un fin superior, para 
llenar una alta misión, s aerificándose por el bien de 
los demás, ó aniquilando cuanto constituya daño, 
cualquiera que sea la faz que revist i. 

Así como esos hombres, han surgido, del seno 
mismo . e la d¡ cadencia, Porfirio Díaz en México 
y Cipriano Castro en Venezuela. 

Ambos países, aunque en épocas distintas, ge- 
mían h ajo el peso aterrador del desjuiciamiento na- 
cional ; la anarquía señoreaba triunfante con todos 
sus funestos atributos; la miseria castigaba todos los 
hogares; el fanatismo religioso y de partido obscure 
cía los cerebros y devastaba los campos y las ciudades 
y, mientras tanto, la planta grosera y deshonradora 
del extrangero amenazaba violar hasta en su corazón 
el sagrado de la Patria. 

Era el caos ! 

¡Se necesitaba la mano de Dios, y allá surgió 
PoRFJRlo DÍAZ, que engrandeció el país de los aztecas, 
bajo su tiranía ilustrada, como la ha llamado alguien, 
y aquí Cipriano Castro, que ha restaurado la patria 
de Bolívar y la está reedificando ha-ta en los cimien- 
tos de sus costumbres ! La Restauración, combatida, 
pero ineludible, acabará por implantarse tan amplia 



6 — 



y gallarda como fué soñada. Su evolución, entre 
tantas contrariedades formidables, se va realizando. 
Su desarrollo lia sido como la curva de una espiral : 
en cada vuelta abraza más extenso radio, abarca 
mayor horizonte, deja ver, cada vez más, la grandio- 
sidad de sus ideales. 

Porfirio Díaz es hoy un asi .-o qu le lin ha 
ese Oca- ti >1 cual no se 1 ¡vaiitarn más; \ en t\ mbi 
Cipriano Castro es un . esp ndor o qu< •• un n 
ha llegado al cénit de sn carreí i. E deci : Vene- 
zuela está ahora comenzando, de mu- . sn. engran 
deci miento ; pero con más vigor y mis entusiasmo 
que nunca, después del duro paréntesis de retroceso ' 
que los vampiros de la Patria le habían impuesto. 

Venezuela, hermosa, pero débil india americana, 
en cuyas exuberantes carnes han hundido sus garras 
de buitre más de un improvisado caudillejo, en con- 
tubernio estúpido con lo más ruin y más soez del 
país, no sólo se ha sentido herida por la perversidad 
de sus propios hijos, sino que, por esa misma causa, 
se ha visto profanada por la baba, lujuriosa de envidia, 
que vinieron á dejar en nuestras costas, los áulicos 
de la codicia extranjera. 

Para contrarrestar esas contingencias, creó el Su- 
premo Artífice á Cipriano Castro, el cual, al apare- 
cer en la cordillera andina, con todos los esplendores 
del fiat lux de la leyenda bíblica, debía cambiar su 
humilde espada de soldado por la espada de fuego 
conque fue armada la mano de ángel que debía poner 
á raya á los pecadores del Paraíso. 

Cipriano ('astro es un centro de poderosos ner- 
vios en vibración constante ; un cuerpo incansable, 
convertido en laboratorio de una infinidad de ideas 
levantadas y de nobles propósitos ; un carácter in- 
flexible amparado por la serenidad de un espíritu 
indomable, que lejos de temer el peligro, lo tlesafí; ; 
que en • ez de agotarse en la lucha, toma mayor» s 



7 -- 



proporciones y se siente fortificado al contacto 
mismo de las contrariedades; que no se anonada an- 
te la traición, sino que se yergue en presencia de 
ella, se subleva, estalla y la aplasta; para el cual no 
existen los conflictos ni los problemas difíciles, por 
que, con su mirada de águila, los analiza al pronto y 
los resuelve rápidamente, haciendo uso de la espada 
ó de la pluma, según la forma en que se le presen- 
ten ; Castro es, en fin, la grandiosa conjunción de la 
voluntad y de la energía, en su más absoluta exten- 
sión, encarnada por la mano de Dios en el cuerpo 
de un hombre que tiene á su disposición los rayos de 
Júpiter para los campos de batalla, y la sabiduría de 
Minerva para las labores de la paz. Así lo hemos 
visto, inflexible y resuelto, desplegar sus aptitud» s 
de guerrero en los fragorosos combates á que lo han 
retado los agitadores del pueblo, los eternos pertur- 
badores del orden público; caracterizad:) y enérgico 
cuando lo exigió la dignidad nacional ; y, sereno y 
pensador, desarrollar, luego, el impulso inicial de ese 
colosal movimiento de innovaciones y reformas que, 
cambiando la faz de la República, la lleva hacia el 
progreso. 

Castro, como Cristo, y como Washington y 
como Bolívar, nació con predestinación redentora, 
y su alta misión se está cumpliendo, aunque á despe 
cho de todos los mercaderes del honor patrio y de 
todos los Iscariotes de la política, á quienes no queda 
más camino que irá borrar sus faltas en la salvadora 
piscina del arrepentimiento, ó vagar errabundos, sin 
patria y sin hogar, como el hebreo Samuel, al impulso 
inconsciente de un espíritu poseído del mal, cargando 
angustiosamente el infamante fardo de sus propias 
delincuencias, de sus prevaricaciones, de sus ini- 
quidades ! 

Recia tarea es la de amansar tigres y hacerse 
admirar y respetar de los lobos. . . .¡ que no otra cosa 



que tigres y lobos son los pueblos que convierten en 
necesidad el instinto de revuelta, en habitual cos- 
tumbre la guerra, la deslealtad, la anarquía y la 
traición ! 

Cualquiera es un buen pastor para manejar re- 
baños ; pero son muy contados los hombres que 
tienen alientos de gigante para dominar las hordas 
que han perdido la noción de la dignidad y del pa- 
triotismo, tornándose en fieras apandilladas á quienes 
hay que civilizar, que ahuyentar ó que destruir. No 
hay que dudarlo : férrea mano se necesita para con- 
tener el desastre; las contemplaciones dificultan y 
á veces demeritan el éxito. I)e frente, y sin temor, 
van al triunfo los seres superiores: ¡ el león no ha 
menester la flexibilidad de la sierpe! 

Para contrarrestar las grandes decadencias es 
que el Supremo Director de los mundos crea hom- 
bres de la talla moral de Cipriano Castro, que 
unas veces convencen, otras aniquilan ; á su vo 
Imitad levantan á la hija de Jairo ó castigan á los 
inicuos mercaderes, ¡ pero siempre edifican, edifican 
siempre para el bien, sobre la hidra misma de la 
perversidad ! 

El General Castro es la noble reencarnación 
de todas las almas superiores que le han precedido 
en la senda de las redenciones humanas. Con él, 
los hombres que tienen fe en sus designios, y, forti- 
ficados por ella, lo acompañan sin vacilar, llegarán 
al Thabor del engrandecimiento nacional ; así como 
los irredentos empecinados serán condenados, inde- 
fectiblemente, á revolearse en el montón de los re- 
probos ; y los pusilánimes y los incapaces, cuyo 
concurso es menguado en todas ocasiones, tendrán 
que copiar la triste escena de la mujer de Lot 
cuando huían de la maldita Pentápolis. 

¡ Adelante ! ¡ adelante ! ¡ siempre adelante ! es 
el lema de Castro. Los hombres que él ha forma- 



— 9 — 

do en esa escuela, lo siguen, como sigue la luz en 
pos del rayo, porque es el rayo mismo el que va pro 
dudendo la luz; lo acompañan, atraídos por su es- 
plendor, por su irresistible poder, como los planetas 
que pueblan el firmamento, los cuales, sostenidos 
en el espacio por la poderosa atracción del Sol, 
recorren sus respectivas órbitas, brillando con la 
luz que les da el rey del día, y llenando cada uno la 
misión que, en su camino de resplandores, les está 
encomendada. 

Castro es el sol de la Restauración Liberal ; y, 
para figurar en el magnífico plano de su sistema, se 
necesita ser astro, ó tener condiciones de planeta, 
para recibir la luz y no ahogarla sino esparcirla 
sabiamente y, si es posible, aumentarla con algo de 
irradiación propia, llevando claridades á todos los 
puntos de la trayectoria que recorren. 

¡ Cuántos de los que él lia hecho brillar se han 
apagado para no volver á brillar jamás! Estos 
son los meteoros de la política ; los hombres cuya 
fe vacila de continuo, cuyas convicciones están 
fabricadas sobre arena, y Cuya lealtad, frágil y 
movediza, no puede entrar en lucha franca, leal y 
resuelta, con la de aquellos que, á toda hora, en 
todo tiempo y en todas partes, van con el Jefe á 
donde éste vaya, sin la vacilación imprudente de 
una pregunta siquiera ; van hacia el porvenir sin 
ocuparse de averiguar qué hay en él, porque van 
en pos de Castro, que derrama luz, que fulmina 
á la maldad, que impone el progreso, que hace 
suyo el triunfo, cualquiera que sea el combate ; que 
se compenetra de las grandes necesidades de la Pa- 
tria, y con mano providente la levanta para hacerla 
próspera y feliz ; que avanza apartando de mi 
camino de gloria á aquellos que no lo entienden, 
que no secundan sus grandes ideales, que no saben 
fecundar la semilla que él inculca en el espíritu nació- 



— 10 



nal, que en fin, se vuelven todo consultas para hacer 

poco ó para no hacer nada Castro lo que quiere 

son hombres que le rindan culto á la lealtad y al pa- 
triotismo, y que, en el ancho campo de la administra- 
ción, no consulten, pero den resultado satisfactorio. 
Y es que el heroico caudillo andino, como Jefe de la 
Revolución Restauradora, cuyos altos ideales son ya 
bien comprendidos por todos los hombres honrados, 
puede erguirse, sublime de poder, en el centro de la 
Patria, y, abriendo los brazos, decir con el Mártir de 
Judea : 

/ Yo soy la resurrección y la vida ! 

Sí; Venezuela resucita : resucita lentamente, pe- 
ro resucita ; ya respira ; ya no siente sobre su cuer- 
po exánime la pesada lápida que, en los consejos do 
la iniquidad, le pusieron sus propios verdugos; ya 
llega hasta sus pulmones, ávidos de aire, el oxígeno 
regenerador de una atmósfera pura, de un ambiente 
nuevo . ¡Ya se ha despojado de su pálida mortaja, 
y está acabando de ceñirse el manto esplendoroso de 
su augusta soberanía ! 

i Esa es la obra de Castro ! 



LOS HOMBRES DE CASTRO 



Ya lo be dicho : Cipriano Castro es el sol de 
la Restauración Liberal. La intensidad de su atrac- 
ción detuvo el país, ya sobre el abismo, cuando su 
líunclimerito parecía inevitable; á su calor renacen 
nuestras decaídas industrias, florecen nuestras 
fuentes de riqueza, germinan ideales de pro- 
greso, y se realiza el proceso evolutivo del engran- 
decimiento nacional; su luz descubre, en el seno 
del porvenir, nuevos horizontes á la patria querida ; 
y su influjo vivifica, mueve y dirijo los demás astros 
que, en el sistema de nuestra reorganización política, 
forman esplendente núcleo cuyos rayos se llaman 
patriotismo, lealtad, valor, abnegación, rectitud, 
progreso 

Uñando el enlace de los hechos más adversos á 
la vitalidad nacional, conjurados, en proporción cre- 
ciente para consumar nuestra ruina, determinó el 
momento en que fue decretada por la sabia Provi- 
dencia la restauración de la Patria, no se le ocultó 
que á su elegido para campeón de aquella heroica 
empresa, debía darle fuertes ayudantes, inteligentes 
órganos que, compenetrándose con el magno ideal 
de su predestinación, fueran capaces de comprender 



— 12 — 



sus designios y ejecutar su voluntad, no á manera 
de serviles corifeos que se inclinan ante el querer de 
un déspota, — que ni siervos ni tiranos acepta la dig- 
nidad republicana sino como colaboradores cons- 
cientes, inspirados en los mismos propósitos, incorpo- 
rados espontáneamente al séquito de ¡os redentores, 
y dispuestos á hacer el sacrificio de la personalidad y 
de la vida en el ara de los intereses patrios. 

Esto hizo al caudillo tan subyugador como de- 
nodado; y cada uno de sus actos, cada una de sus 
palabras, cada uno de sus propósitos, como chispas 
de una pira sagrada, inflamaron en santo patriotismo 
los corazones; y en rededor del Jefe se agruparon, 
prontos á sacrificarse, valientes luchadores en todos 
los combates de la actividad humana. 

Se realizó la gran cruzada. 

Nuevos combatientes se incorporaron á las filas 
de los triunfadores que, de victoria en victoria, des- 
plegada la bandera de la confraternidad, daban la 
bienvenida á todo elemento útil y avanzaban en la 
realización do su obra. 

La grandeza, la esplendidez singular de aquel 
triunfo, atrajo más prosélitos: unos, convencidos de- 
que la Causa de la Restauración, liberal y robusta, 
era la salvación del país, le ofrendaron sus aptitudes 
sin restricciones, tomando plaza entve los leales ; 
otros, los que ante todo ven su interés individual, y 
en los que la idea de medro sofoca los impulsos 
nobles, llevaban como único móvil ideas especula- 
tivas, sin que la esterilidad de su egoísmo les 
permitiera consagrar ningún recurso valioso al ser- 
vicio del Partido. 

Más ¡ay! ruando sobrevinieron los días de 
prueba, cuando la ambición, formidablemente ar- 
mada, amenazaba echar por tierra la obra de tantos 
sacrificios, cuando un ultime» furioso ataque de los 
especuladores políticos, pretendiendo reconquistar 



13 



la altura del poder, de hoy en más inaccesible para 
ellos, hizo bambolear la noble falange de los res 
tauradores ! Pudo dudarse si la Causa acaudillada 
por el héroe andino era un crepúsculo ó una aurora : 
crepúsculo de un breve día de revuelta de la hon- 
radez y eí patriotismo contra los tradicionales de 
fraudadores del tesoro público, y violadores de la 
Constitución, parecía más bien que la aurora de 
una larga era de paz, de reconstitución y de engran- 
decimiento. 

Y fue aquella época azarosa la piedra de toque 
donde se probaron las convicciones; palabrería 
vana resultaron las sonadas protestas de muchos ; 
vergonzosas deserciones descubrieron á otros basta 
el fondo del alma; el decaimiento se apoderó de las 
medianías, cayeron todas las máscaras, y por sobre 
aquel cúmulo de rebeldías, traiciones, infamias, 
sombras, deserciones, cobardías y ruindades, se des 
tacó gallardo el grupo délos leales, de los convenci- 
dos, de los inmaculados. 

En sus bien templados corazones tuvo resonan- 
cia la inquebrantable energía de su Jefe, jamás aba- 
tido, jamás vacilante. 

Y se vio fustigar á los agitadores al General 
Juan Vicente Gómez, honor de los valientes de la 
Restauración, intrépido, rápido como el rayo, com- 
prando muchas veces la victoria al precio de su 
sangre. Gómez involucra el valor, la lealtad y el 
honor en su mayor plenitud. 

Y de la gloriosa legión castrista, como él, se 
señalaron y se distinguieron, como grandes : 

El Doctor Jrtm. Torres Cárdenas, abnegado 
compañero, consejero leal y discreto, sereno polí- 
tico, cuyo ánimo no flaquea nunca á la hora del 
peligro ; 

El General Ramón Tello Mendoza, magistrado 
intachable, plenamente poseído de la magnitud de 



•J4 



los ideales á cuyo desarrollo contribuye con esfor- 
zado impulso; ilustrado pensador que favorece efi- 
cazmente la instrucción del pueblo, como determi- 
nante de su elevación moral; hábil administrador, que 
baila recursos para atender debidamente á las 
múltiples empresas que á fuero de progresista aco- 
mete; escritor distinguido, de robusto verbo y 
brillantes concepciones ; 

Gumersindo Itivas, amigo fiel, en cuya alma no ba 
penetrado nunca el fluido sutil de la vacilación, 
probado en mil situaciones, vocero incansable de 
las glorias de su Jefe, propagandista de los ideales 
del partido, valiente adalid en las lides del perio- 
dismo, que, al par que enaltece á los fieles, fulmina 
á los traidores terribles anatemas con la indignación 
de quien lia hecho de la lealtad un culto ; 

El Doctor y General González Pacheco, valioso 
elemento en la paz como en la guerra, subordinado 
6 insospechable, querido en toda la República por 
la rectitud de sus procedimientos; 

El General Jorge Bello, el indomable defensor 
de la dignidad nacional, en San Carlos, cuando las 
poderosas naves extranjeras intentaron humillar 
nuestra augusta altivez ; 

El General Celestino Castro, que inteligente- 
mente secunda en la Cordillera la labor del Primer 
Magistrado de la República; defensor gallardo de 
los fueros y del territorio de la Nación, con incon- 
trastable empuje ; 

El General Mariano García, restaurador ge- 
nuino de energía inquebrantable, valiente hasta la 
temeridad, inapreciable á la hora del peligro y 
que tiene la fidelidad por lema; 

El Doctor Lucio Baldó, que ha recibido siem- 
pre la palabra de Castro cual si fuera la Sania 
Eucaristía, no ahora solamente, porque sea su ilus- 
trado Ministro de Relaciones Interiores, sino desde 



15 



la época en que no soñaba aquel Jefe con los triun- 
fos que, entre rayos de gloria, le reservaba en sus 
postrimerías el Siglo XIX ; 

Don Miguel I. Leicibabaza, encarnación de la 
actividad, y de carácter leal entre los leales, enamo- 
rado de su Causa é inteligente intérprete de los de- 
signios de sus Jefes ; 

El General Esteban Ohalbaud Cardona, que me- 
rece toda la confianza del egregio Caudillo, porque 
es el sacerdote más austero del valor, de la cultura y 
de la discreción ; 

El General Regido Olivares, el amigo insospe- 
chable, cuya lealtad corre pareja con su entereza de 
carácter y su valor ; 

El General /Simón Bello, que ha demostrado ser 
por sus acciones, muy digno hermano del héroe que 
en San Garios, infligió en la cubierta del "Panther" 
un recuerdo imperecedero de la intrepidez vene- 
zolana; 

El General Joaquín Garrido, tan activo y vale- 
roso en la guerra, como laborioso y progresista en la 
paz. Este legítimo restaurador es el prototipo de la 
lealtad y de la disciplina ; 

El General Gumersindo Méndez, adalid abande- 
rado de la Causa Restauradora, tan sereno en el com- 
bate, como ilustrado en las decisiones de la admi- 
nistración ; 

El General Manuel 8. Araujo, de bravura indó- 
mita, pronto siempre á sacrificarse á los intereses de 
la patria y del partido en que milita ; 

El General Luis Várela, el incansable luchador 
que le rinde fervoroso culto á la honradez y á la 
lealtad ; 

El General Emilio Rivas, estratégico y arrojado 
militar, quien, después de muchos combates, fue á 
cubrirse de gloria en la toma de Ciudad Bolívar al 
Indo del General Gómez ; 



16 -- 



El General Elíseo Sarmiento ; militar entusias- 
ta por los triunfos de la Restauración y por el buen 
nombre de su invicto Jefe, y el cual constituye una 
de las más legítimas esperan /as de la patria ; 

El General Francisco Linares Alcántara, arroja- 
do militar, aguerrido y audaz, pronto siempre á la 
defensa de sus principios en todos los terrenos, y que, 
teniendo en más el honor que la vida, desafía intré- 
pido el peligro, sin arredrarse por haber recibido el 
bautismo de sangre ; 

Los Generales Pedro María Cárdenas y Rubén 
Cárdenas, que fueron de los osados invasores con 
el General Castro, y más tarde contribuyeron po- 
derosamente á lanzar del territorio patrio las hues- 
tes colombianas; 

El General Pedro Linares , que es la lealtad per- 
sonificada, y el cual se halla siempre dispuesto á sa- 
crificarse, si fuese necesario, por su Causa y por su 
Jefe ; 

El Doctor José Cecilio de Castro, austero en ot 
cumplimiento de sus deberes, inexpugnable á la per- 
fidia, consecuente hasta el fin ; 

El General J. M> García Gómez, importante per- 
sonalidad, llena de merecimientos, consagrado al ser- 
vicio de la República desde hace largo tiempo, y 
nunca desviado de los senderos del honor; 

El General Julio A. Zavarse, Ingeniero y mili- 
tar de muchos quilates, quien, como jefe divisiona- 
rio, algunas veces, y como artillero otras, asistió en 
la última campaña á más de veinte acciones de ar- 
mas. Además de todo ésto, es un notable orador, 
cuyo verbo tiende siempre á consagrar las glorias del 
General Castro y de la Cruzada Restauradora; 

El General Agustín García Poleo tan valiente 
como ilustrado, y cuyos servicios á la Jausa Restau- 
radora nadie podría negar ; 

El General R. Delgado Chaibaud, quien, como 



- Ú7 — 

Jefe de la Armada Nacional, ha prestado á la 0:uisa 
importantísimos servicios, distinguiéndose en la ruda 
campaña de Ciudad Bolívar, mereciendo altos bono- 
res del Jefe del País ; 

El Doctor José íi. Revenga y Don Juan Otañez, 
cuyo partidarismo se lia mantenido incólume hasta 
en los más rudos días de prueba déla Causa Res- 
tauradora ; 

El Doctor Carlos León, iniciador y alma del 
movimiento reformista y amigo leal y franco del 
héroe restaurador ; 

El (leneral Lorenzo R. Carvallo, restaurador 
de principios firmes, perseverante y recto ; 

El General Benjamín Arriens U., quien profe- 
sa al invencible Director de la Restauración, especial 
amistad, y ha demostrado en mi! ocasiones su par- 
tidarismo inquebrantable á tan elevada Causa ; 

\í\ Cien eral Emilio Y. Valarino, quien ha he- 
cho uno de los más importantes papeles en la polí- 
tica actual, cooperando eficazmente al éxito de las 
batallas, colaborando al movimiento reformista con 
fecunda actividad; que ha extendido y mejorado, 
como nunca lo estuvo, la red telegráfica de la 
República, y que, para mantenerla en actitud de 
funcionar, hizo esfuerzos imposibles, que coronó el 
éxito, en la última campaña; 

Y los Generales Manuel, Tomás y Silvino Ca- 
brices, Guillermo Aranguren, José Antonio Dávila, 
José M^ Díaz, Gutiérrez Méndez, Castro Zavala, 
Julio H. Bermúdez, Eustoquio Gómez, J. Velazco 
Bustamante, Rafael Mf Velazco B , Marcelino 
Cárdenas, José M* Buitrago, Félix Bricen», An- 
tonio Cárdenas Mora, Froilán Prato, Jesús Nieto, 
Francisco Parra Pacheco, Francisco de B. Terán, 
Francisco Jiménez Arráiz, Tesalio R, Fortoult, Eloy 
Olmos, Carlos Silverio, Carmelo Castro, Julio Bello, 
ios Tellería, los Iturbe, J. A. Martínez Méndez, J. 



— 33 — 

M. García Izquierdo, Francisco E. Rangel, Eran- 
cisco de Giulio Sánchez, Félix Galavís, Abelardo 
Gorrochotegui, Pedro Galarraga, Alejandro Pieters, 
Fernando Useche, Miguel Sánchez, AWas Sandoval, 
Ontiveros, Rueda, Oarnevali Monreal, Eulogio Mo 
ros, Rufo Nieves y una infinidad más que se escapan 
á la memoria y los cuales forman la fulgurante vía 
láctea, en el anchuroso cielo de la Patria. 

Son ellos las figuras culminantes de la gloriosa 
etapa actual de nuestra historia : sus nombres, que 
han sido ligados á los sucesos más trascendentales 
de la epopeya de la Restauración, serán pronuncia- 
dos por las generaciones del porvenir con venera- 
ción y respeto ; el relato de sus hazañas épicas se 
oirá con el mismo patriótico orgullo, con entusiamo 
igual al que orovocan las legendarias heroicidades 
de nuestros libertadores, y su vida ciudadana servirá 
de ejemplo á los que, en lo futuro, qu íran hermanar 
la elevación del poder con las prácticas sacrosantas 
de la democracia. 

Por eso, comprendiendo que estamos aún, con 
haber avanzado tanto, en el comienzo de las labo- 
res de que resaltará el engrandecimiento de la Re- 
pública, tan espléndidamente iniciadas; convencidos 
de que en el alma de Castro está el germen de 
todo ideal de progreso, y que con él se marcha al 
triunfo de la honradez y del decoro, acércanse cada 
vez más al invencible andino, y con él, solo con 
él, proclaman el lema salvador de la Restauración : 

¡ Siempre adelante ! 
Macuto- 1904. 



9906^38000 



TIIH 13dVH0 IV ON JO AllSUBAINfl